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Princesa y dragón

Princesa y dragón

Historias que los invitan a imaginar, a reír, a cuestionarse, a compartir sus historias de vida. Ese es el propósito de Mónica Puentes, directora de la Fundación Princesa y dragón.

Cuando Mónica descubrió lo que era leer por placer, se sembró la semilla para convertirse en  “la señora de los cuentos”. Su inspiración fue Beginning with Books de EEUU. Ya en Colombia para poner en marcha su iniciativa, encontró profesionales desinteresados en diferentes áreas,  voluntarios de lectura  compartida, y recibió donaciones (literatura infantil).

La diferencia de Princesa y Dragón con la versión gringa, es que en Beginning with Books hay un lector por cada niño. Aquí cada lector tiene un grupo de alrededor de 10 niños.

 

Cada martes desde hace 10 meses voy a Michín. Cada martes de 9 a 11 de la mañana leo cuentos a niños que no viven con sus padres. De 9 a 10 en la casa de las niñas. Ellas se alegran al vernos entrar. No olvidan nuestros nombres y cuando alguna lectora falta, preguntan el motivo de su ausencia y ¿va a volver? Mónica y Miriam, voluntaria por más de 1 año, son mis compañeras.

Cada rostro tiene algún rasgo que refleja su personalidad. Las sonrisas:, qué tan sonoras son, qué hacen con sus ojos mientras ríen. ¿Así serán cuando crezcan? ¿Así serán con las demás personas cuando estén afuera?

Las edades van entre 6 y 9 años. Antes de llegar aquí, han pasado por otros centros, al primero que llegaron fue al de emergencia, lo hacen cuando aún tienen la custodia sus padres. Algunos están acompañados de sus hermanos. Los hermanos en estos hogares se demuestran más amor y complicidad que los que viven con los padres. Pueden discutir con los demás niños, pero difícilmente no con sus hermanos de sangre.

De 10 a 11 de la mañana la casa de los niños. El hogar tiene el mismo nombre, una cuadra más al occidente en la otra acera. Apenas sí saludan, ellos no se pelean por estar a nuestro lado. Aunque su interés por los cuentos es evidente en algunos, sobre todo cuando hay novedades, dibujos de cohetes, monstruos, princesas y dragones.

Mónica cree que desde ahora es mejor ir solamente una vez por mes. Hemos estado todas las voluntarias de acuerdo. Los cuentos se agotan, los niños son siempre los mismos en este hogar (la Fundación va normalmente a centros de emergencia donde varían los niños con frecuencia) y los ánimos también. No sé cuanto tiempo continúe visitándolos, pero al menos ya cumplí uno de mis compromisos (que se sale de las normas de la Fundación porque la lectura debe ser una motivación en sí misma), le regalé a mi favorito un sello que por el otro lado es un lapicero que se ilumina cuando escribe, para su cumpleaños.

                                                          

http://www.fundacionprincesaydragon.org

voluntarios@fundacionprincesaydragon.org

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La crisis de los cacaoteros

A finales de febrero los cacaoteros colombianos estuvieron en paro porque los precios del producto no les daban para cubrir sus costos. Son casi cuarenta mil cacaoteros y muchos de ellos empezaron a cultivar cacao por una propuesta gubernamental para reemplazar el cultivo de coca. Los cafeteros también estaban en paro, pero el acuerdo con el gobierno de los cacaoteros llegó más rápido. El 4 de marzo, el gobierno duplicó el subsidio por cada kilo del grano, de $400 a $800, y en Santander, principal productor del país, pasó a $1.200 por kilo (el monto adicional son recursos del departamento).

La baja rentabilidad del cultivo es consecuencia de la caída del precio internacional que el último año ha sido de más del 34%. El mercado del cacao es bastante volátil y puede ser objeto de abusos de los especuladores. En 2010 por ejemplo, el fondo de inversiones Armajaro realizó una compra masiva en Londres, adquirió 240.100 toneladas de cacao por 1.000 millones de dólares, según reportes del Financial Times, la agencia Dow Jones y del Telegraph y el mismo director del fondo Anthony Ware, ex presidente de la Asociación Europea de Cacao. La operación se logró por medio de varias casas de corretaje y bancos como el BNP Paribas. Gracias al contrato, los precios alcanzaron en Londres el nivel más alto en 3 décadas.

Luego, en 2011 se esperaba que la reducción de los inventarios por las inclemencias del clima en los principales países productores implicara una clara recuperación del precio, pero la lenta recuperación de las economías consumidoras en Europa y Estados Unidos ha estancado la demanda.  El precio tampoco repuntó a finales de 2012, en tan solo cuatro meses pasó de 5.400 a 2.700 pesos por kilo, porque los dos principales productores, Costa de Marfil y Ghana, sacaron al mercado todas sus reservas.

 

En cuanto a la producción, el factor negativo ha sido el clima. La ola invernal llevó a que en el período enero-junio de 2012 en Colombia se registrara una reducción del 43% frente al volumen registrado en igual período de 2011.

Pero, el problema más grave para los productores colombianos, es el carácter oligopólico de la industria transformadora de cacao en Colombia. De 24 compañías la Nacional de Chocolates y Luker procesan el 90.6% del cacao[1]. A los demás les toca importar o conformarse con los de menos calidad. Las dos compañías realizan también importaciones que alcanzan el 30% (además importan cacao). Antes del aumento del subsidio de marzo, las compañías chocolateras compraban el grano a 3.600 pesos el kilo, pero los campesinos solo recibían entre 2.700 y 3.100 pesos.

El chocolate no es un commodity a prueba de recesión y eso lo demuestra la crisis actual. La demanda industrial, representada en la molienda, sufrió reducciones del 18% en Europa y del 9,7% en Estados Unidos en 2012. La molienda en Alemania, gran consumidor, se desplomó 16,7% y Suiza, el mayor consumidor de chocolate del mundo, vio caer la demanda interna un 8%.

 

La crisis económica en los países consumidores y los fenómenos naturales que afectan la cosecha en los productores, han debilitado el mercado del cacao, pero el golpe final lo han dado los especuladores financieros y los oligopolios.

 

 


[1] Ministerio de Agricultura, Acuerdo de competitividad de la cadena del cacao y su agroindustria, Bogotá, junio del 2001.

Apá y Amá

APÁ Y AMÁ*

Apá estuvo hospitalizado la semana pasada. Esas recaídas hacen temer lo peor. Como es Semana Santa llegan familiares de otras ciudades y le toca recibir visitas. Apá tiene 86 años, por lo que ya superó la expectativa de vida de los hombres en Colombia y lleva 64 años con Amá (esa debe ser otra estadística superada). Ya no le queda ningún hermano vivo, ni siquiera Miguel, cuyo origen nunca se aclaró, pero que murió en la Casa después de décadas. “Ese pendejo me ganó” dice Apá.

Es que parece que quiere “irse”, pero a Amá le angustia esa idea. Supongo que después de tantos años debe sentir que pierde parte de sí misma con él, aunque no quiere quedarse sola con sus hijos. Tienen 13 hijos vivos, 13 nietos y una bisnieta. El abuelo solamente reconoce a uno o dos hijos, y a un par de nietos. El viejo, como le dice Amá, se aferra a algunas de las cosas que más le han gustado toda la vida: los dulces y las mujeres, así que cuando se le abre el apetito pide arequipe y bocadillos, y las visitas femeninas les toca oír alguna vulgaridad.

Tampoco quiere dejar de “andar”. Hasta hace unos 5 años no era raro encontrarlo por cualquier calle de la ciudad caminando por caminar, o cogiendo busetas para ir a conocer algún lugar nuevo para él. Siempre con su sombrero. Le molestaba que alguien caminara a su lado ¿podrá ser eso genético? Mi mamá camina sola, y yo camino sola.

Ahora sus únicos paseos son a la tienda o al balcón. En la tienda que queda en el primer piso estuvo casi todas las tardes de los últimos años antes de ponerse tan mal, sentado en una silla rimax (parecía un año viejo al observarlo desde la avenida) y en el balcón que queda en el segundo piso, allá hay que subirlo en su silla de ruedas por unas cortas escaleras y luego hacer malabares con él por paredes y muros. El aún trata de sostenerse solo. Su habitación queda en un punto intermedio entre el primero y el segundo piso, es que las construcciones diseñadas por el son tan raras.

Nació en El Salado cuando El Salado no era Ibagué, ahora es barrio especial, cuando era chiquita oí que era corregimiento, no sé en sus tiempos que habrá sido. Allá esta su chircal (fábrica de ladrillo) y el monte, “el rastrojo” que tanto parece extrañar. El chircal, la casa de dos pisos con terraza y dos locales comerciales, no los consiguió en poco tiempo.

Apá conoció a Amá cuando era arriero y pasaba con unas mulas por la ventana de ella, ahí le dejaba noticas. Mi abuela vivía en San Bernardo y a sus papás no les gustó que que la vieran hablando con ese hijueputa conservador. Después de una buena munda, ella decidió volarse de la casa.

Amá había nacido en Anzoategui, pero vivió también en Alvarado, en San Bernardo y en San Juan de la China.

El jueves santo convenció al hijo y al nieto que estaban de visita en Ibagué de que lo sacaran y lo llevaran al chircal. Les tocó alquilar el camión del vecino. El viejo no aguantó mucho, se cansó y regresaron pronto. Este capricho asustó a varios en la Casa porque sus males se agudizan con el ejercicio. Además por el aneurisma podría morirse en un movimiento violentos.

Se supone que es “godo”. “Godo” en un departamento liberal. Por supuesto, el papá de Amá “prefería ver a su hija muerta que con un godo”. Apá tiene como nombre de pila Pedro Nel, nació cuando un conservador tocayo suyo era presidente. La abuela en cambio votó liberal hasta que los males no la dejaron volver a salir a caminar, en los 90.

A Apá no le ha interesado mucho el tema, se molestó cuando oyó en un noticiero que la elección del Papa la disputaban liberales y conservadores, “¿hasta en eso meten la política?” En cambio, Amá recuerda permanentemente a doña Bertha de Ospina, primera dama conservadora y a Rojas Pinilla; Gaitán que no le simpatizaba porque “al parecer era comunista”.

Después de la escapada y posterior arrejuntada, vivieron años de inquilinatos y rancheras, rancheras en las cantinas vecinas y rancheras en el cine. Apá trabajó en el matadero hasta que recibió una finca casi regalada de un hermano, la cambió por una buseta que cubría la única ruta de bus urbano en los años 50 en Ibagué, que se la quemaron por la violencia. Trataron de empezar de nuevo en otro pueblo, Villarica creo, de allí se sabe poco y regresaron pronto.

El regreso a Ibagué fue a un lote que el mismo hermano de la finca le vendió, cerca a una finca llamada Casa Verde (el barrio donde queda la casa de mi mamá). Allí quedaron en frente de un hospital antituberculoso y a una cuadra una fábrica de ACPM. Hoy el hospital ya no es antituberculoso y la fábrica de ACPM no existe (alcancé a conocer la fábrica, el hospital no solamente con tuberculosos sino también con enfermos mentales, y la carretera destapada).

Se dedicó al negocio de la construcción, por eso tenía su chircal en El Salado (hoy está arrendado) y una volqueta para transportar materiales. La volqueta se parqueaba en el patio de la casa cuando no existían los locales comerciales ni la terraza ni el balcón. En ese patio estaba construido como anexo la habitación donde dormíamos mi mamá y yo.

Entre los años 60 y 80 vivieron en esta casa hijos, nietos, sobrinos, muchos sobrinos: porque venían del campo, porque su mamá trabajaba en otra parte, o porque quedaban huérfanos de mamá. Debió ser como un internado. Un internado muy estricto: a las mujeres no se les permitía compañías masculinas, ni podían salir a divertirse sin alguno de sus hermanos o primos.

Apá pide a diario que lo lleven a su casa, se enoja porque se siente encerrado y hace pataleta; nunca ha dejado de ser un niño, especialmente cuando se antoja de algo que los demás estemos comiendo, o cuando se niega a compartir algo que él está comiendo, un bon bon bum o unas papas margarita; y tiene un juguete, un bastón, con el que le pega en el trasero a quienes pasan por su lado. En estos días, el bastón y el bon bon bum ya no lo alegran, la cuaresma podría decidir su futuro.

*2010

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El Gran Sábalo

Es lunes de mundial. En una hora empieza el partido más esperado de la jornada. Dos suramericanos, Brasil y Chile, se disputan el paso a cuartos de final. Juan y yo almorzamos pescado, lo mismo que solían comer los Awa en Tortugaña, antes de la masacre que en 2009 los obligó a desplazarse allí, a El Gran Sábalo.

Los Awa de Tortugaña, que comían lo que ellos mismos pescaban, lo que ellos mismos cazaban, ahora, se alimentan con cereales y alimentos no perecederos que les llegan de la ayuda humanitaria.

Y jornalean más.

Después de almuerzo habrá una reunión de los líderes del pueblo Awa. Durará tres días. Tendrán que tratar entre otras cosas, la reubicación de los desplazados de Tortugaña-Telembí. Juan es uno de esos líderes.

Los Awa se ubican en el sur occidente de Colombia, en los límites con el Ecuador. El sur occidente es donde está el macizo colombiano, que es donde nacen las 3 cordilleras -los Andes colombianos- y los 2 grandes ríos que desembocan en el Atlántico.

El departamento es Nariño. El Municipio: Barbacoas. Corregimiento: El Diviso.

En El Diviso está el resguardo de El Gran Sábalo ¿o limita El Diviso con El Gran Sábalo?, ¿o El Diviso queda en El Gran Sábalo? Como sea, por los caminos de El Gran Sábalo-El Diviso, se mezclan viejos habitantes: negros, mestizos, blancos, y Awa, en un área de no más de 20 cuadras (2 km.), con nuevos habitantes: los desplazados de Tortugaña. Una densidad étnica compatible con la majestuosidad del paisaje de la zona.

En el último año, la población ha crecido y la construcción de casas se ha duplicado, por la llegada de los Awa de Tortugaña.

Entre Pasto la capital de Nariño, y El Diviso hace frio, con mayor intensidad en Túquerres el pueblo más grande en este recorrido de 4 horas. Al llegar al Diviso, se han bajado unos cuantos metros de la cordillera. El calor agota y contrasta con el clima de casi todo el departamento. Se sabe que a unos cuantos kilómetros se estará al nivel del mar. Que a unos cuantos kilómetros también está el Ecuador. Miles de Awa se reparten por todo este vasto territorio.

Al recorrer estas montañas, erosionadas en algunos tramos, surgen cascadas, cicatrices de fuentes de agua que no volverán a brotar, cañones incipientes que se asoman entre los abismos.

Ya en El Diviso, y antes de almorzar pescado, recorremos el corregimiento en el carro blanco de Juan. Es la carretera que va para Tumaco.

Tumaco es uno de los municipios más conocidos del país por su pobreza; su alta población afrodescendiente; su riqueza musical –característica de la Costa Pacífica colombiana-; y sus “casas del aire”, unas estructuras de madera y plástico sostenidas por palos de madera, adheridos a cada una de sus extremos, comunes en El Diviso entre la población negra, y que ahora se construyen semanalmente para los recién llegados.

El viejo carro blanco de Juan tiene una puerta mañosa. Hay que hacer un tipo de maniobra, que solamente con paciencia su propietario realiza, para abrirla y cerrarla.

Una antena de Direct Tv se observa desde la carretera.

Los niños de Juan discuten que personaje de Cartoon Network son. El mayor que ya tiene 5 años, ha ido un par de veces a la escuela, pero como no se ha amañado, aún tendrá bastantes mañanas como esta.

En la acera de enfrente hay una pequeña venta de fritos en paquete y gaseosas. Allí han hecho la “polla” del partido Brasil-Chile. Está a punto de empezar. Cantan los himnos. “Vamos mi negro” grita uno de los apostadores -todos pusieron su suerte en el tetracampeón. No sé si este grupo de fans futboleros hace parte del resguardo. Es difícil hacer esas diferenciaciones en El Diviso.

 

Los AWA fueron las principales víctimas indígenas del conflicto en 2009, según Amnistía Internacional. Entre el 98 y 2008 fueron los Kankuamo, los Nasa o Paeces, (en la misma zona) y luego los Embera Katío[1]. Los Embera también están en zona de conflicto, con guerrilla y paras. Y se han tenido que confinar en el Alto Sinú, como los Awa en varios corregimientos de Barbacoas.

Los Embera lucharon por sus tierras contra los de la hidroeléctrica de Urra.

 

Juan, mi amable anfitrión, es un hombre de más de 30 años, algo robusto y de casi 1.70 m., sonrisa ligera, mirada profunda y carácter tranquilo, hizo parte de una comisión que llevó el caso de las masacres a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.

-No nos prestaron mucha atención. Que hay que esperar a que la justicia colombiana proceda.

Comentamos que la justicia internacional es subsidiaria, que debe aparecer cuando, en el caso de delitos de lesa humanidad, la justicia interna no funcione.

 

Hace 3 años decidimos recibir de nuevo a los que se arrepienten. Se han ido porque les prometen salario y comida. Pero nos toca hablar con la guerrilla para que los dejen volver.

Sé que es ilegal, agrega, como cuando un niño alza los hombros diciendo ¿y qué?

Luego nos toca curarlos.

Pero a veces no se les pueden quitar las mañas.

-Es su propio proceso de reinserción.

En la radio colombiana se oye con frecuencia propaganda del gobierno buscando este tipo de arrepentimientos. En ellas, los reinsertados relatan el buen trato que les han dado las Fuerzas Armadas después de entregarse.

Aunque no están ni con la guerrilla, ni con los paras, ni con el ejército; los acusan, los asesinan, los masacran; por ser colaboradores del oponente, del otro, del contrario; sin ser ellos aliados, enemigos, opositores.

Lo de Tortugaña fue por ser auxiliadores de un ejército que no vieron pasar. La guerrilla no lo creyó y les mataron a 13 personas, incluyendo a dos mujeres embarazadas. Casi toda la población se fue para El Gran Sábalo.

En el Gran Rosario parece que había un auxiliador de la guerrilla. Luego de semanas de asesinatos selectivos, unos hombres con uniforme militar masacraron la familia y los amigos más cercanos de el tipo. Uno de los Awa de El Gran Rosario también llegó a El Gran Sábalo.

 

Los rankings de desplazamiento registrados hasta 2007, suelen ubicar a Colombia en el segundo lugar después de Sudán. ¿Luego de 2007? Pues, las cifras del gobierno colombiano reflejan una disminución, entre otras cosas porque los desplazados después de un tiempo se “gradúan” y no se cuentan más. Aún así las cifras indican que son más de 3 millones. Casi tantos como los de la diáspora al exterior. Es que los colombianos por violencia o pobreza se exilian.

Luego de 2007 la cosa continúo, y no sólo para los Awa[2]. Lo más reciente, también en Nariño, en marzo, 209 personas, 39 familias.

 

-El Awa es vengativo.

¿Se han vengado entonces de quienes les han hecho tanto daño los últimos años?

-Ellos han recibido su castigo. Los han capturado, o sufren enfermedades.

¿Qué tienen que ver ustedes?

-Hacemos ritos espirituales.

Sonríe. Me preocupa que sea tan abierto, que no tema por su vida.

-Los sueños nos protegen. Cuando se acerca un enemigo, surge en los sueños como un amigo, y el amigo como un enemigo.

Todo al revés.

-Pues sí todo al revés.

Otra manera de protegerse puede ser no dar señales claras a los forasteros. Para encontrar la casa de Juan me decían “al lado de”, o “enfrente de”, con un margen de error mayor a 2 cuadras, hasta que a lo lejos mis “guías” me vieron todavía buscando, y me señalaron el carro blanco. Ahí es.

La Constitución de 1991, casi 200 años después de la creación del Estado colombiano, declaró al país como pluriétnico, pluricultural, proclamándose el respeto y la protección de las lenguas y las tierras indígenas. Así, cada pueblo indígena tiene su propio sistema penal. Se pueden vengar o corregir a su manera.

La convivencia de los desplazados de Tortugaña, en el Centro administrativo, no fue fácil al principio. Eran alrededor de 200 personas que debían soportar las peleas comunes de la vida en comunidad, del hacinamiento. Cualquier cosa prendía la mecha: los utensilios de cocina por ejemplo. Algunos prefirieron irse.

El Centro no es muy grande, una gran sala de unos 20 x 10 m. y un pequeño cuarto adicional. Estuvo a reventar hasta que los desplazados empezaron a recibir ayuda para construir sus propias casas: maderas y plástico. Ahora quedan menos de 30 personas en el Centro. Algunos duermen en el piso.

Los niños juegan a campo abierto, en columpios improvisados, corren y sonríen con su pelo liso a medio peinar.

Unos metros más arriba del Centro, por la montaña, me encuentro con M…. un señor de más de 40 años, quién rodeado de su familia y sin mucha insistencia, cuenta su historia.

-Fui el último en llegar porque no me dejaban salir.

¡No lo dejaban salir! Era prisionero en su propia tierra. En Tortugaña.

En esos momentos, sus preocupaciones eran, ser lo suficientemente astuto para que no lo obligaran a delatar la ubicación de su familia, y ser lo suficientemente astuto para salir de esa prisión.

¿Qué creen? El charlador pero temeroso M…. logró ser tan astuto que no delató a su familia, y se inventó que iba para Samaniego.

-Estamos mejor aquí. No regresaré. Estoy esperando que me entreguen el plástico para construir mi casa.

-¿Para vivir cuantos? Somos 16.

Su aire de optimismo impresiona, construirá su casa, seguirá jornaleando. No sé si la procesión va por dentro, pero es evidente en la franqueza al contar su historia a una desconocida, que no está acostumbrado a sentir temor.

Tiene un tatuaje en la oreja: una serie de puntos, no aclara su significado, pero si alguien quisiera comercializarlos podría volverlos moda en las calles de las ciudades colombianas. Así como es moda usar la mochila arhuaca, o las manillas y los adornos artesanales de diferentes pueblos indígenas.

Al lado del Centro administrativo esta el centro de salud y el colegio. El Diviso también tiene colegio, pero los Awa necesitaban uno para El Gran Sábalo, que no es excluyente, porque pueden estudiar otros niños de El Diviso. Una de las principales causas de de la UNIPA (Unidad Nacional Indígena del Pueblo Awa), donde trabaja Juan, ha sido el reclamo al Estado por la educación, de la misma que tienen todos.

Cada salón tiene más de 30 niños, pero en el de grado 11, solamente hay 4 alumnos. Es la primera promoción de bachillerato del colegio de El Gran Sábalo. Les pregunto si van a ir a la universidad. No responden. El profesor espera que sí. Comentamos sobre los cupos que tienen los indígenas en todas las carreras de las universidades públicas. Que tienen que aprovecharlos para que otros no los usen (una práctica común en todo el país es “hacerse pasar” por indígena para estudiar barato y en carreras de difícil acceso). (La deserción universitaria de los indígenas es alta, según algunas hipótesis por la difícil adaptación y su inicio escolar tardío).

Juan estudia Licenciatura en Educación, a distancia. El ya ha sido profesor. Aún así cree que no terminó la primaria, aunque se gradúo de secundaria, pero validando.

-No es lo mismo dice tajante.

Por eso quiere educación de calidad y que los mismos Awa se preparen para ser profesores. Los profesores no Awa que han estado en el colegio, a veces no siguen sus esquemas de educación, ignoran su lengua, no comprenden sus valores.

Juan quién también es de Tortugaña, no llegó a El Diviso desplazado, llegó como estudiante, porque sus papás fueron de los pocos Awa que se preocuparon por darle una educación formal a sus hijos.

-Entiendo Awabí, no lo hablo. Cuando íbamos a la escuela, se burlaban de nosotros por hablar en nuestra lengua, incluso un profesor lo hizo una vez en la que leí algo en Awabí. Hace poco me lo encontré, le recordé el episodio. Se sintió mal, me pidió disculpas, que entonces no creía que yo podía llegar lejos.

De más de 300 lenguas indígenas en Colombia hay en riesgo de desaparecer, según la Organización Nacional Indígena, 65.

El anterior gobernador de Nariño habla Awabí. Han escrito textos en Awabí. Unos evangélicos gringos tradujeron la biblia a Awabí.

-Pues para convencernos.

¿Ni así los convencieron? ¡Si les tradujeron la biblia!

-No. Ellos no sanan.

En el carro blanco de Juan hay una estampa de El Divino Niño. ¿Son católicos entonces? ¿Y los ritos espirituales?

-Me casó un cura católico. (Los curas católicos han ayudado a visibilizar su situación, lo de las masacres).

Juan es católico, pero no del todo.

-Los católicos tampoco sanan. Hace una pausa, intenta explicar como suele hacerlo, sin sonar demasiado reflexivo, sin dramatismos. Es que Dios está en todas partes, en las plantas, en los árboles.

De ahí el respeto a la vida.

 

Las multinacionales de la palma les querían quitar sus tierras en los años 80, antes de la Constitución del 91. Por eso nació UNIPA. No para reclamar educación, o para proteger a los desplazados, o para recuperar el Awabí. Como los Embera y el asunto de la hidroeléctrica: por la tierra. Tierra que también sirve para sembrar coca.

Los nuevos miembros de UNIPA deben recibir una instrucción rigurosa sobre su origen como organización y sobre su pueblo. Por eso Alex, el encargado en Pasto, este día de reunión en El Gran Sábalo, puede contar con mucha propiedad lo sucedido en los 80. Alex no pasa de 20. Pero en el comedor ya despierta admiración.

Juan y Alex se despiden. Al parecer no verán el partido. La larga jornada de líderes Awa ha comenzado. Además de los problemas de los desplazados, otro de los temas es un nuevo proyecto de participación política. Juan quiere que todos los Awa tengan cédula, que la inscriban, que voten, que tomen decisiones como parte de este pueblo que los educa, les lleva médicos, los masacra, comercializa la coca, siembra palma. Y que no sana.

 

Antes de irme iba ganando Brasil. Los niños me avisarían cuando pasara un taxi, o una flota, o lo que fuera que me llevara a Pasto. Pero jugando bola se les pasó una flota, y por ahí un taxi. Y Brasil hizo otro gol.

Publicado en: http://www.soyperiodista.com/cronicasemigrantes/nota-6517-el-gran-sabalo

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[1] http://www.derechoshumanos.gov.co/observatorio_de_DDHH/documentos/Diagno…

[2] Oficialmente no hay conflicto. Los paras se desmovilizaron y la guerrilla esta acorralada. El desplazamiento es consecuencia entonces de:

a. Los combates del ejército con los grupos ilegales para recuperar territorio

b. Los combates entre los grupos ilegales por el control de territorio

(Esta es la mejor de todas) c. No hay desplazados, hay migrantes.

Dadas las 2 primeras premisas la respuesta debe ser la c: los Awa querían irse a vivir a El Gran Sábalo porque allí hay Direct Tv.

PJL: May 2013 (Part 1)

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Quedarse sin recuerdos

Con la perdida de los recuerdos, pierden validez algunas hipótesis del sentido de la vida; como esas ideas de reencarnación, en las que se cargan karmas de una vida a otra y se pagan culpas por cosas que no se recuerda haber hecho. ¿Dónde queda lo aprendido, lo alcanzado?

Es mejor idea aceptar las recomendaciones de vivir el presente y evitar cultivar el intelecto porque no se llegará a ser un viejito sabio. Y ni hablar del crecimiento espiritual, por qué si no recuerda lo bueno qué ha hecho, es posible que pierda los tesoros que hizo en el cielo y si ya había sabía cómo conectarse con su propio yo ¿quién le vuelve a enseñar cómo hacerlo?

¿Qué importan al final de su vida su matrimonio, sus hijos, sus amigos? Las relaciones que cultivó toda la vida ya no existen. Tal vez el que sigue recordando encuentre el verdadero significado del amor, pero se debe olvidar de una de las razones fundamentales por las que se casó: estar acompañado en la vejez. El enfermo ha incumplido la promesa de no olvidarlo.

Los pacientes con Alzheimer, especialmente las mujeres, son bastante cinematográficas, en los últimos años más de 10 películas las han tenido como protagonistas, entre ellas  “Iris” y “Lejos de ella”. Dos mujeres cultas, sin hijos, cuyos maridos padecen su olvido, al que en ocasiones encuentran sospechoso. Los sentimientos de lealtad son para los que han ganado su afecto recientemente. Bueno, tanto que se ha vuelto cliché el padre joven de Justin Timberlake en “Amigos con beneficios”, quién se quita los pantalones en cualquier lugar. Y juro que veré “Amour” no solo porque es una pareja de ancianos que padecen el Alzheimer de ella ¿suena conocido? sino porque también recuerdo “Hiroshima mon amour”.

A Iris, la célebre escritora, no la bendijo la estadística; algunos estudios ubican como factor de riesgo tener un bajo nivel educativo. Pero el principal factor de riesgo es que siga aumentando la expectativa de vida y que la enfermedad no tenga cura. En Colombia hay 300 mil personas con Alzheimer. Entre las personas con más de ochenta y cinco años, la población con Alzheimer alcanza el 50%. Y el número de personas con la enfermedad crecerá en forma dramática: el Censo de 2005 proyectó a 2020 un aumento del 60% en la población de más 80 años.

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El desminado en Colombia

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